¿quién tendría ganas de recordar esto?

10 de junio de 2009

Antes, ahora, siempre

Como ya expliqué en otras ocasiones la importancia de las cosas no viene tanto por el valor del objeto en sí sino por el significado que le damos nosotros. Las cosas más tontas pueden ser fundamentales en nuestra vida o en nuestro corazón. Incluso puede que por lo único que destaque algo a nuestros ojos es por evocar otra cosa, y pobre de aquel que se lo tome a broma, pues lleva las de perder ante su influencia que puede que tenga más peso que la de las personas. Sé que consideran absurdo la trascendencia que doy a algunas pequeñas cosas, pero esos detalles para mí dan la medida de las personas. Sé también que resulta molesto esa fea costumbre que tengo de poner a prueba a todo el mundo casi constantemente, pero no puedo evitarlo si quiero tener el valor de arriesgarme a confiar en ellos aunque sea por un segundo, poco más allá me suelen durar las ganas.
Como también ya expliqué en una entrada de hace unos meses que se titulaba "Cuanto más conozco al hombre más quiero que lo muerda un perro" hasta los sentimientos se desgastan si se abusa de ellos y hoy mi cerebro quiere sentir algo, pero físicamente ya no tengo la capacidad de hacerlo. Porque es bien sabido que todo es un juego, que cuando deja de ser divertido dejamos de jugar a ello, porque a nadie le importa el resto, sólo uno mismo, al resto no le importa nadie, sólo ellos. Esto empieza y acaba y en el fondo no ha pasado nada.

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