Si bien en la entrada anterior hablaba de frases que ayudan a superar momentos regulares o malos ahora la tónica general es que lo mando todo a tomar vientos: que me sube la factura del móvil... ¡a tomar vientos!, que no ha quedado curioso el empaquetado... ¡a tomar vientos!, que mi último profesor me parece un necio... ¡a tomar vientos!, que me llaman la atención en el curro... ¡a tomar vientos!, que sin querer he tropezado con el cable y he desconectado a la abuela del respirador automático... pues vuelvo a conectar el enchufe lo antes posible y a disimular. Por Dios, que no soy un mons... que no soy ese tipo de monstruo. En fin, todo más o menos así. A pesar de que parece una actitud despreocupada (y conozco a más de uno que opinará que algo así sería bueno para mi persona) es más un enfadado en ciernes (cosa mala, cosa muy mala). Al punto éste de estar en plan broncas hay que sumarle que no estamos a lo que celebramos y es mal momento para descentrarse y, más aún, para perder la paciencia y dejarme llevar, sufrir una posesión demoníaca y luego tener que pagar los platos rotos y recoger los vasos de plástico.
Para que esto no les suponga una total pérdida de tiempo les voy a responder a 3 preguntas que parecen contradictorias por su enunciado: ¿Puede echarse de menos a alguien que ahora vuelve a estar aquí? Sí. ¿Puede que trabajar demasiado sólo sirva para tener más trabajo? Sí. ¿Se puede dormir sin descansar? Sí.
Bueno, ¿qué voy hacer? Pfff, pues a saber, aunque al parecer nunca se está a salvo quedándose en el coche.