Hoy iba a deleitarles con un relato mitológico, pero me ha entrado la desgana, así que bien puedo hacerlo mañana... o nunca. Tanto da. La verdad es que paso de concentrarme en nada, no vaya a ser que me dé cuenta de algo que no debería. Creo que es un buen momento para fingir felicidad (que según los científicos es algo muy malo para la salud, así que me parece una forma muy irónica de matarse). Confieso que estoy un tanto decepcionada, más decepcionada de lo habitual quiero decir, aunque tampoco es que la decepción me la haya llevado ahora, sólo ha sido un recordatorio, pero creo que es lo de que no acabe de desaparecer lo que me incomoda. Me gustaría decirles algo sumamente inteligente, pero eso es algo improbable. Saben qué, el árbol suena igual aunque no haya nadie en el bosque para oírlo, no es algo opcional. En cambio sí es decisión mía lo que hago, hacer las cosas mal (tiene mucho de talento, pero también algo de voluntad). Espero que ustedes sí sean inteligentes.
Olvida lo que veas
12 de julio de 2009
9 de julio de 2009
Malas ventas
Las cosas nunca salen como uno las planea porque cuando se piensa en algo rara vez se tiene en cuenta la realidad en lugar de dar prioridad a nuestra complacencia. Del análisis de los hechos sacamos las pistas que nos dicen cómo es la historia en realidad. Si se arrodillan ante alguien lo que se van a llevar es una patada en la cara y unas cuantas risas a su costa. No me digan que hay gente buena en el mundo, sólo hay gente que no sabe ser mala, que es distinto, pero de poder elegir serían todo lo crueles y egoístas que pudieran. De modo que la próxima vez que hagan el enorme esfuerzo de fingir algún interés por alguien que no sean ustedes les insto a que dejen claro que, como todo tipo de esfuerzo, es algo efímero, a fin de que puedan seguir manteniendo la creencia de que son buenas personas (si es que la tienen). A los que, como yo, alguna vez les acucia la necesidad de corresponder a un pequeño y emotivo gesto de aprecio, cállense la boca y finjan que les da todo igual, van a ahorrar mucho tiempo y dinero.
30 de junio de 2009
Programa Perro Rabioso
Otra vez se me está acabando el día programado para una nueva entrada y no me he preparado nada y así pasa lo que pasa con estas entradas atropelladas, que hace falta un diccionario y muchas ganas para captar de qué estoy hablando porque parece que estoy de atropina hasta las cejas. Siempre me parece que tengo tiempo y luego me entretengo poniendo una lavadora, intentando saber qué tiene de diferente un modelo nuevo de Asus EEEPc (como quieran colgar una foto de cada versión que sacan en los pasillos de la empresa van a tener que ampliar Taiwan) o desarmando cabezas nucleares y cuando me doy cuenta se ha hecho tarde y a la que no le quedan ganas es a mí. Pero hay que tener un poco de disciplina porque si no se acaba muerto, se lo digo yo que lo he estado. Volvamos al asuntillo en cuestión, si hay algo en lo que no hemos (he) mejorado nada, vale, corrijo, si hay algo en lo que no podría mejorar aunque me lo propusiera con todas mis fuerzas es en cambiar mi relación con el mundo (que tampoco está muy claro que exista). Y es que me estoy hartando de todo y sí, yo me quejo mucho, pero son quejas banales que no constituyen la base para ninguna batalla personal, yo vivo y dejo vivir, paso de todo, y de hecho siempre he creído que la gente que más ha sufrido no se queja de casi nada porque sabe lo mal que pueden llegar a ponerse las cosas, y estoy de lloricas y huevones hasta arriba y saben lo que pasa en estos casos, que me quemo y me paso todo el día rezongando y cortándole el rollo a los que no tienen más delito que estar ahí (también sufriendo lo suyo) y ser normales. Pero es un mecanismo como otro cualquiera que no va a cambiar porque perro viejo no aprende nuevos trucos. Y ustedes se preguntarán: ¿pero acaso es posible tratar contigo alguna vez? Mmm, no se sabe.
26 de junio de 2009
La princesa en el castillo sin amueblar con vistas a una chatarrería
Ya queda menos para el final del cuento, no de este cuento, es otro al que me refiero, no estaba pensando en este porque esto es más como un promocional de un producto de limpieza en reproducción continua en su supermercado habitual. ¿Hasta dónde estira la suerte de los tontos? A veces dudo de que podamos seguir sobreviviendo de este modo. No sé qué decir de mi personaje en este caso, ¿era bueno?¿era malo?¿era como siempre? ¿En cuánto debería fijar mi agente mi caché para futuros papeles?¿Volveremos a interpretar el mismo papel en el futuro?¿Con el mismo éxito? Me pongo la mano en el corazón y una vez más noto un latido desacompasado y estúpido. ¿Debería dejar el mundo... del... espectáculo?¿O mejor voy a ver al Mago de Oz para pedirle que me dé un cerebro?
22 de junio de 2009
Por el precio de un sello
La semana pasada recibí una carta, no es nada especialmente personal, pero siempre me hace sonreír porque me permite recordar la persona que una vez creí que podría ser (y nunca fui) y por un instante hace que tenga la esperanza de que aún podría llegar a serlo. Me sorprende que siga llegando cada año, yo no la espero y no creo que lo siga haciendo por mucho más tiempo, pero me gusta sacar la correspondencia del buzón y verla ahí, porque es un retazo del único sueño que he tenido.
16 de junio de 2009
¿Cuándo va a llegar la salvación?
Se me ha dicho alguna vez que aquí no me explico bien y no se sabe a ciencia cierta de qué demonios estoy hablando a cada momento. Mi respuesta es: ¡pues claro que no me explico! Esto son disertaciones mías que no les van a llevar a ningún lado con bonitas vistas y bufet libre. Si quisiera compartir mi vida me buscaría, no sé, amigos que me escucharan obligados en aras de la amistad y su doliente reciprocidad (con lo que yo tendría que aguantar también su chapa). Y si contara mi vida tendría mucho más público por el morbo de saber cuándo voy a suicidarme, lo que no me interesa. Vislumbro que esto va camino de ser un nuevo fracaso, ya que no ha cambiado la situación que desembocó en los anteriores fiascos. Mmm, creo que necesito un tema, un tema del que no haya hablado, un tema del que no me importe hablar (aún sabiendo que no tengo ni puñetera idea de nada). Se aceptan inferentes sugerencias.
14 de junio de 2009
Pim pam ¡fuera!
Tengo que llegar a un consenso sobre cuántas energías le voy a dedicar a cada cosa, para no quemarme más aquí, allí, en todas partes. Siempre he sido rara, pero ahora ya me da por la paranoia de que me quieren volver loca. Pues saben qué, que llegan tarde, jiajiajia, que de la cabeza hace mucho que estoy muy mal. Ajo y agua. Ni perro del hortelano, ni gato del horticultor, ni galápago del florista, ni nada de nada. Estoy más cansada que el paparazzi que sigue a Paris Hilton, que la muchacha no sale de una para meterse en otra, y ya es que no sé qué hacer. Y todo es por tu amor, que dice una canción, en este caso por el de muchos. Creo que mi falta de interés por todo, me está llevando a elegir interesarme por nada, por nada que anteriormente me haya importado mucho. Una extraña dicotomía porque en realidad lo hago sin mucho entusiasmo. Es una paradoja más en la vida, como tantas otras. Tengo ganas de que todo pase de largo. Buenas noches, que duerman bien, dentro de un rato será otro asqueroso lunes.
10 de junio de 2009
Antes, ahora, siempre
Como ya expliqué en otras ocasiones la importancia de las cosas no viene tanto por el valor del objeto en sí sino por el significado que le damos nosotros. Las cosas más tontas pueden ser fundamentales en nuestra vida o en nuestro corazón. Incluso puede que por lo único que destaque algo a nuestros ojos es por evocar otra cosa, y pobre de aquel que se lo tome a broma, pues lleva las de perder ante su influencia que puede que tenga más peso que la de las personas. Sé que consideran absurdo la trascendencia que doy a algunas pequeñas cosas, pero esos detalles para mí dan la medida de las personas. Sé también que resulta molesto esa fea costumbre que tengo de poner a prueba a todo el mundo casi constantemente, pero no puedo evitarlo si quiero tener el valor de arriesgarme a confiar en ellos aunque sea por un segundo, poco más allá me suelen durar las ganas.
Como también ya expliqué en una entrada de hace unos meses que se titulaba "Cuanto más conozco al hombre más quiero que lo muerda un perro" hasta los sentimientos se desgastan si se abusa de ellos y hoy mi cerebro quiere sentir algo, pero físicamente ya no tengo la capacidad de hacerlo. Porque es bien sabido que todo es un juego, que cuando deja de ser divertido dejamos de jugar a ello, porque a nadie le importa el resto, sólo uno mismo, al resto no le importa nadie, sólo ellos. Esto empieza y acaba y en el fondo no ha pasado nada.
7 de junio de 2009
Mineralización débil
Les digo con toda franqueza que siento mucho cansancio y es un cansancio del que no se pasa porque no hay alivio para él. Sé que lo digo con frecuencia, pero todas y cada una de las veces ha sido cierto. No es bueno que entiendan a qué me refiero, no me gusta que la gente me entienda, no por temas de exclusividad, sino porque significaría que han sentido lo que yo siento y eso no se lo deseo a nadie. Ser como yo es, al margen del estilo y la genialidad, es, en pocas palabras, una mierda. No importa lo irónico que se sea, bromear sobre lo malo no es lo mismo que pasarlo por alto. No tener ninguna pretensión no da tanta libertad como se piensa y pasar de todo porque sabes que no se puede evitar nada no significa que no te afecte lo que pasa. Ay, ya estoy suspirando. En fin, mi consejo para su futuro (que no el mío, ya que ese no existirá) es que se crean sus propias mentiras. No suena muy ético esto que les digo, pero, créanme a mí ahora, para poder ser parte de este mundo hay que vivir engañado.
4 de junio de 2009
Unidos en el infierno
Cuando uno lleva 11 días seguidos trabajando, la peña se dedica a poner a prueba tu templanza y todos estamos tan hechos polvo que no tenemos ganas ni de respirar, te cuentan una bonita historia de que un soplagaitas que gana más que tú y todos tus compañeros juntos sin hacer absolutamente nada critica tu trabajo (en lugar de hacer mínimamente el suyo) y dice que el problema eres tú, que no lo haces bien y tú piensas si en la macroferretería venderán Goma-2. Pero no importa, mañana volveremos allí a tragar mierda junto con el resto de duendecillos, porque las cartas van a Papa Noel, pero los juguetes los hacen otros. Citando un episodio de My name is Kim San Soo: "Cabrón, espero que pinches". Para todos los trabajadores, en especial los que hayan trabajado alguna vez en una empresa grande, les recomiendo "El trabajo es el infierno" de Matt Groening, aquí les dejo uno de mis capítulos favoritos.
2 de junio de 2009
Mentiras piadosas lejos del fin de semana
Hablemos de los sacrificios, no de los de vírgenes empujadas a la lava del volcán o apuñaladas en un altar de piedra (creo que la sociedad tiene muchos problemas con el acto sexual, antes y ahora, aunque varíe la vertiente), sino el de los pequeños gestos que hacemos por amor o como sea que se llame el venazo ese de ir de buenos porque nos cae bien alguien.
Un sacrificio no es un favor, no es algo que se salde con un gracias y, desde luego, quema mucho más si la otra persona no lo aprecia ni es consciente del mismo, de lo que has costado hacer eso porque va sin lugar a dudas contra nuestra naturaleza y nos apetece lo mismo que un maratón de documentales sobre la conducción segura o la fabricación del acero (que conste que es muy interesante, pero visto uno vistos todos), pero los hacemos, con cierta mentalidad heroica y sin intención de cobrar por ello, salvo por ese reconocimiento del que hablaba.
Posibles medidas para estos casos:
1-Hacerlo notar. "Ya te he movido esa caja de 200 kilos a pesar de mi contractura muscular y mi lesión de columna que han venido a ver unos especialistas desde Estocolmo y que han incluido en varias enciclopedias médicas y por la que me han invitado a dos simposios en Estados Unidos". Esto automáticamente te hará parecer ruin, además de que te arriesgas a una respuesta aún más desmoralizante tipo: "¡¿Cómo se te ocurre?!¡¿En qué estabas pensando?!" (¡¿En ti?!)
2-Decidir que no vas a hacer nada más por esa persona nunca ya que no lo valora (más mezquindad por tu parte). Lo que se convertirá en el recuerdo permanente de que no estás siendo desprendido por una venganza de la que nadie más está enterado, ni siquiera el que la sufre. En resumen, no soluciona nada.
3-Hacer que esa persona haga un sacrificio por ti. Es compensatorio, equitativo, pero corres el riesgo de que esa persona no lo haga y te sientas decepcionado, traicionado y muy dolido ("con lo que yo he hecho por ti y tú no eres capaz de hacer ni esto").
Un sacrificio no es un favor, no es algo que se salde con un gracias y, desde luego, quema mucho más si la otra persona no lo aprecia ni es consciente del mismo, de lo que has costado hacer eso porque va sin lugar a dudas contra nuestra naturaleza y nos apetece lo mismo que un maratón de documentales sobre la conducción segura o la fabricación del acero (que conste que es muy interesante, pero visto uno vistos todos), pero los hacemos, con cierta mentalidad heroica y sin intención de cobrar por ello, salvo por ese reconocimiento del que hablaba.
Posibles medidas para estos casos:
1-Hacerlo notar. "Ya te he movido esa caja de 200 kilos a pesar de mi contractura muscular y mi lesión de columna que han venido a ver unos especialistas desde Estocolmo y que han incluido en varias enciclopedias médicas y por la que me han invitado a dos simposios en Estados Unidos". Esto automáticamente te hará parecer ruin, además de que te arriesgas a una respuesta aún más desmoralizante tipo: "¡¿Cómo se te ocurre?!¡¿En qué estabas pensando?!" (¡¿En ti?!)
2-Decidir que no vas a hacer nada más por esa persona nunca ya que no lo valora (más mezquindad por tu parte). Lo que se convertirá en el recuerdo permanente de que no estás siendo desprendido por una venganza de la que nadie más está enterado, ni siquiera el que la sufre. En resumen, no soluciona nada.
3-Hacer que esa persona haga un sacrificio por ti. Es compensatorio, equitativo, pero corres el riesgo de que esa persona no lo haga y te sientas decepcionado, traicionado y muy dolido ("con lo que yo he hecho por ti y tú no eres capaz de hacer ni esto").
Así pues ninguna de estas acciones, aunque puedan proporcionar una satisfación momentánea, son una verdadera solución. Yo les insto a que miren a esa persona que les ha empujado a hacer el primo y enjuicien su decisión, qué les convenció para actuar así, y, sobre todo, piensen que quizá alguno de sus sacrificios se les haya pasado por alto y que no todos los días seremos protagonistas, lo pasaremos bien, la gente nos tratará como reyes y la comida nos quedará en su punto. Sepan que yo aprecio cada uno de los pequeños gestos que hacen por mí, en parte porque no requiere mucho esfuerzo tomar nota de ellos, aunque también llevo la cuenta de lo contrario por mucha capacidad de almacenaje que requiera. Y creo que el cariño que no les ha llegado hoy pueden no recibirlo nunca o quizá llegue mañana. El mal rollo lo recibirán siempre porque viene por mensajería urgente. Yo asumo que el mundo es injusto y me fotocopio la gratitud de una vez para varias. Decepciones hay a montones porque decepcionantes somos todos.
1 de junio de 2009
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No sé muy bien qué decir. Debido a mi mala gestión las cosas acabaron y acabaron y volvieron a acabar como acabaron (sucesivamente), amén de que tuvo más partes que Pesadilla en Elm Street y con un protagonista igual de feo, pero con más variedad de vestuario (aunque no de complementos). Así que no más comienzos, por muy excitantes y esperanzadores que estos sean, sino que seguiré donde lo dejamos y habíamos quedado... ¿dónde habíamos quedado?¿en la plaza o en el bar? Es lo que tiene hacerse mayor (físicamente, mentalmente es otro cantar, procuro no engañarme si no va a ayudarme a ser rica). Como la marea, que en unas épocas llega más arriba y en otras no sube casi nada, en ciclos perpetuos, aceptaremos (por su cortesía y por mi bien) que estoy bajo la influencia de la luna. Les contaré mi última "revelación" personal, para que esto no sea como un mitin político, es decir, simple cháchara. He venido observando, en los ratos que salgo de mi arte contemplativo, que todos decimos el mismo tipo de frase alguna vez, que algunos diálogos son propiedad intercambiable de cualquiera de nosotros. Parece que sigamos un guión con ciertas conversaciones de obligada interpretación por todos, como un ejercicio en la escuela de arte dramático, como si (dependiendo del tipo de serie que sea) no falta el episodio de los dobles idénticos, el del sueño que no sabes que lo es hasta el final, el de la fiesta sin permiso de los padres que sale mal o el de la amnesia. ¿No les parece curioso?, va a resultar que sí que somos todos iguales o igual de típicos.
Gracias por su tiempo, no hay devoluciones de segundos ni de minutos. Lo siento.
